Al organizar cursos de idiomas para empresas, es muy habitual que se plantee hacer la formación de modo grupal. En efecto, estudiar idiomas en grupo tiene muchas ventajas, no solo en el aspecto económico (ya que, por supuesto, ofrecer cursos grupales resulta más conveniente para las empresas que pagar cursos individuales) sino también en lo que respecta a cuestiones pedagógicas: en los grupos bien constituidos, suele generarse un ámbito de trabajo ameno y favorable al aprendizaje, y interacción con los otros miembros del grupo favorece el aprendizaje individual.

Sin embargo, no siempre estudiar idiomas en grupo resulta productivo para todo el mundo. Hay que tener cuidado a la hora de montar los grupos para asegurarse de que los cursos de idiomas verdaderamente funcionen para todos sus integrantes.

Queremos compartir algunos consejos basados en nuestra experiencia que pueden servir a la hora de formar grupos para aprender idiomas en empresas.

1. Asegurarse de que todos los integrantes de la clase grupal tengan el mismo nivel del idioma

Es difícil que todos los miembros de un grupo tengan exactamente el mismo nivel, pero es fundamental que estén dentro del mismo nivel global para poder programar un plan de estudios que sea adecuado para todos los participantes y les permita hacer progresos. Para ello, previo a la constitución de los grupos, es necesario que cada participante haga un test de nivel de idiomas que permita obtener una aproximación inicial, y asegurarse de que los grupos tengan un nivel homogéneo.

Muchas veces, el test de nivel no es suficiente para valorar la situación exacta de un alumno, y al transcurrir las primeras clases se ve que hay personas que progresan más rápido que el resto o que, por el contrario, tienen mayores dificultades. En estos casos, es importante que la academia responsable de la formación haga los cambios necesarios para asegurar que cada participante esté en el grupo más adecuado en relación con su nivel.

2. Agrupar a alumnos con necesidades similares

No solo se trata de valorar el nivel de un idioma a la hora de montar grupos: también es fundamental tomar en cuenta las necesidades de los alumnos. Aunque todos tengan el mismo nivel global, si, por ejemplo, en un grupo mezclamos a personas que necesiten básicamente redactar y leer informes con otras que solo usen el idioma para socializar y mantener conversaciones sencillas, el curso no será del todo productivo, ya que se deberá dedicar tiempo a actividades diversas que no todo el grupo aprovechará, y los alumnos sentirán que pasan la mitad del tiempo ejercitando habilidades que no les resultan necesarias. De la misma manera, si el objetivo de la formación es desarrollar el vocabulario profesional o sectorial en un idioma, pero en el grupo se mezclan trabajadores de RRHH, Finanzas e Informática, por ejemplo, todos terminarán usando tiempo para aprender el léxico de otros sectores profesionales que no necesitan.

Vale la pena analizar cuáles son los objetivos laborales concretos que los participantes deben alcanzar y definirlos claramente para distribuir a los alumnos de la manera más conveniente. Que todos los miembros del grupo trabajen juntos en la misma empresa es una gran ventaja para ajustar los contenidos de la formación, así que ¡hay que aprovecharla!

3. Montar grupos de idiomas reducidos

Esta es una cuestión que puede parecer obvia, pero en la práctica no siempre se tiene en cuenta.  En el aprendizaje de idiomas, lo fundamental es la cantidad de oportunidades que un alumno tenga de usar efectivamente la lengua: es decir, de hablar con otros. A diferencia de otras formaciones de tipo más teórico, en las cuales un experto imparte clases transmitiendo sus conocimientos a un grupo de personas (que puede ser más grande o más pequeño sin que esto altere la calidad de la formación) , en el aprendizaje de idiomas se trata de que los participantes practiquen tanto como sea posible.

Montar un curso de idiomas con un grupo de diez personas puede resultar tentador a primera vista desde un punto de vista puramente económico, pero esto ni siquiera resultará en un ahorro para la empresa: es evidente que mientras más personas haya en un grupo, menos oportunidades tendrá cada participante de usar el idioma activamente para hablar y de ser corregido por el profesor.  Así, el proceso de aprendizaje resultará más lento, con lo cual los años de formación se extenderán más que si el grupo fuera pequeño. En otras palabras: lo que se gana por un lado se pierde por otro. Vale más organizar la formación en grupos de cuatro o cinco personas, lo que garantizará un ritmo adecuado de aprendizaje y progreso, que montar grupos grandes, en los que el aprendizaje será tan lento que tenderá a eternizarse.

4. Valorar periódicamente los resultados y hacer los cambios necesarios

El aprendizaje de idiomas no es una cuestión puramente académica ni mecánica: el buen funcionamiento grupal  es esencial para que el proceso funcione. Si, a lo largo del curso de idiomas, se pone en evidencia que algún alumno o algún grupo no funcionan del todo bien, ya sea por cuestiones de relación, dinámicas grupales o cualquier otro tipo de factor, es conveniente analizar la situación y reformular la composición de los grupos si es necesario. De lo contrario, es muy probable que la formación no dé buenos resultados.

¡Esperamos que estas recomendaciones os sean de utilidad!

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