Los cursos de idiomas en empresas presentan muchas ventajas que deberían ayudar a conseguir excelentes resultados. A diferencia de lo que ocurre en los cursos estandarizados de academias o escuelas de idiomas, en la formación in-company los cursos se programan a la medida de las necesidades y posibilidades de las empresas, que son libres de decidir acerca de la modalidad de formación, los horarios más convenientes y el tipo de curso de idiomas que necesitan.

Todo está dado para que los trabajadores aprendan y hagan progresos en el idioma que estudien. Sin embargo, a veces nos encontramos con que  el progreso no es el esperado, y vemos que no se está aprovechando al máximo la gran oportunidad de formarse en cursos de idiomas a medida.

¿Qué se debe tener en cuenta para que los cursos funcionen? Aquí os dejamos algunas claves.

Formar grupos homogéneos

En un post anterior comentábamos algunas cuestiones para tener en cuenta a la hora de montar clases grupales de idiomas para empresas. Como decíamos en esa ocasión, es fundamental que, si las clases son grupales, los grupos sean homogéneos no solo en cuanto a niveles de los integrantes, sino a las necesidades lingüísticas.  Esto es fundamental para garantizar que todo el tiempo invertido por los participantes en las clases resulte productivo.

Si tenemos un grupo de cuatro personas con el mismo nivel de inglés, pero dos de ellas deben utilizarlo para redactar emails formales mientras que las otras dos lo necesitan para recibir visitas y atender al público, los contenidos del curso se dispersarán, y los alumnos dedicarán parte del tiempo a practicar habilidades que no necesitan. En cambio, si tenemos en cuenta las necesidades de los alumnos además del nivel, podremos centrar el curso en los contenidos relevantes para todos los integrantes del grupo.

Analizar cuidadosamente las necesidades de formación y establecer planes de estudio a medida

Enlazado con lo que veníamos diciendo sobre las necesidades homogéneas del grupo,  una vez asegurado este punto, debemos establecer objetivos  ajustados a esas necesidades grupales. Definir las necesidades con exactitud es el primer paso para montar un plan de estudios; por supuesto, se debe ser flexible para rectificar el rumbo y cambiar, agregar o quitar contenidos si surgen nuevas necesidades o si se comprueba que el plan inicial no termina de resultar adecuado.

Establecer objetivos de formación realistas y útiles

Montar cursos de idiomas en empresas para los trabajadores tiene una gran ventaja: cada empresa tiene total libertad a la hora de definir qué curso necesita y qué objetivos desea que los empleados alcancen. Esto significa que no es necesario seguir un plan rígido, como ocurre en muchas academias que exigen a los alumnos un ritmo de un nivel por año: A1 el primer año, A2 el segundo… Esta velocidad de progreso es poco realista, y muchos alumnos de academia terminan pasando de nivel sin tener los conocimientos consolidados, ni mucho menos la fluidez esperable.

Forzar a que los alumnos “pasen” de nivel o a que hagan exámenes internacionales que no siempre se adaptan a sus necesidades, por lo tanto, no tiene sentido académico ni garantiza que los alumnos progresen en las áreas para las cuales necesitan el idioma. Resulta más interesante (y menos frustrante) aprovechar la flexibilidad que nos dan los cursos a medida para  plantear objetivos realistas (que sean alcanzables en un plazo determinado), concretos y útiles en relación con las necesidades laborales de los alumnos.

Hacer un seguimiento continuo del curso y del progreso de los alumnos

Establecer objetivos alcanzables y concretos también nos servirá para valorar la efectividad del curso en el ámbito laboral. En las empresas, no es difícil comprobar cómo los trabajadores que reciben los cursos de idiomas van mejorando su nivel en su actividad cotidiana. Si ello no ocurre, es conveniente evaluar qué es lo que no está funcionando, y comentarlo con la academia responsable de la formación para ajustar lo que sea necesario: programas de los cursos, composición de los grupos u otros factores que puedan dificultar que los alumnos progresen correctamente.

 

En cualquier caso, las claves del buen funcionamiento de los cursos in-company residen en una buena planificación y  en la flexibilidad para adaptarse a los cambios que sean necesarios. El trabajo en conjunto entre los responsables de formación en las empresas y las academias que llevan a cabo la formación en idiomas resulta fundamental

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